Exposición - Isaac Martínez 'SACRIS' - Objetos imposibles

Las greguerías de Sacris

Óscar Esquivias

A mí siempre me ha gustado mucho el trabajo fotográfico de Sacris, su mirada llena de poesía sobre la realidad más cotidiana, la sensibilidad que tiene para los colores, sus composiciones llenas de equilibrio y belleza, la sensualidad directa y desprejuiciada con la que trata el cuerpo humano (sobre todo el femenino: qué contraste entre sus fotos de objetos –posibles o imposibles–, que tienden a lo estático, y la tensión con la que a menudo retrata la piel). Algunas de sus obras me han impresionado especialmente y las llevo en la memoria: por ejemplo, una fotografía titulada Bodegón (2007) donde se ve un conjunto de copas de cristal que me maravilla por su delicadeza; también me entusiasma la gárgola (erosionada por los elementos, llena de líquenes, pendiente sobre las cubiertas de plomo de la catedral) con la que contribuyó a la exposición colectiva Anima cathedralis en 2015. Cuando paso por los soportales de Antón siempre miro a lo alto, a esa suerte de artesonado que tanto embellece lo que antes era un simple techo feo y lleno de telarañas. He hablado antes de su amor por el color, pero el talento de Sacris no disminuye cuando utiliza el blanco y negro: ahí está, para demostrarlo, la colección de retratos de escritores y artistas de nuestra ciudad, que va a perdurar como un testimonio inapreciable de los protagonistas plásticos y literarios de la cultura burgalesa de las últimas décadas del siglo XX y las primeras del XXI.

Todo esto es lo que yo conocía del trabajo artístico de Sacris, pero no sabía de su faceta ramoniana, que es la que muestra en la exposición Objetos imposibles. Califico este trabajo de «ramoniano» porque, al igual que las greguerías de Gómez de la Serna revelan el alma secreta de las cosas a través de metáforas ingeniosas y llenas de humor, Sacris consigue algo parecido con los cacharros que tiene a mano (un grifo, un huevo, unos globos, un damero, un cartón, una plancha…); parece jugar con ellos hasta que salta la chispa de una combinación especialmente feliz que a veces parece sacada de un sueño. En estas fotos se puede ver cómo las pajaritas de papel vuelan y anidan en los árboles, se entablan partidas imposibles entre las fichas de las damas y las del ajedrez, los ratones (informáticos) están a punto de caer en una ratonera, las maletas desprenden una misteriosa luz interior, los pomos de los bastones se llenan de púas de cactus o un cornetín lleva por partitura la imagen de un cuerpo flamígero (ahí se cuela la carnalidad femenina, tan querida por el artista). Las relaciones que establece Sacris no son arbitrarias, sino que encierran un mensaje, a veces sencillo de desentrañar, otras más misterioso. Esta mezcla de juego plástico e intelectual convierte a sus fotografías en preciosas manifestaciones de poesía visual. Estoy seguro de que a los maestros del género (como Joan Brossa, muy admirado por el autor) o a Chema Madoz les encantarían estos Objetos imposibles.

Sacris es uno de nuestros artistas más importantes. Esta exposición es una demostración elocuente de su variedad de intereses y de su talento.

Cajacirculo, Fundación Bancaria, CIF G-09000779, domicilio social en Burgos, Plaza España nº3, inscrita en el Registro de Fundaciones de Castilla y León en la Hoja Registral CL-09-00907. Aviso legal

Fundación cajacírculo © 2014